EL PLACER DE ENTENDER EL VINO
CONTEMPLACIÓN
HEDONISTA
Para nosotros, elaborar vinos es un espacio de libertad creativa irrenunciable: elaboramos únicamente los vinos que nos gusta beber y que pensamos que son un reflejo del lugar donde estamos. Siempre, para bien o para mal, hemos hecho vinos desde la cueva, buscando un camino propio. Ser poco porosos. Prueba y error. Esto significa tiempo pero también crea personalidad propia. Vieja escuela. Nunca interesados en la perfección, sino en la evolución y el autoaprendizaje continuado y mutante a lo largo de los años. Tres son los elementos que definen nuestros vinos: La Identidad de nuestros suelos y el microclima de Can Comas. El Carácter nos lo transmite la añada. El Alma del vino, sea lo que sea —quizás también podríamos llamarlo el espíritu, el fundamento, la razón de ser—, la revelamos las personas.
ELABORACIÓN Y VINIFICACIÓN
CUANDO LAS CEPAS
NOS CANTAN
Ahora, disfrutamos mucho de los vinos donde la vinificación pasa inadvertida. No nos gustaría que el estilo de nuestros vinos estuviera marcado por su elaboración.Con el tiempo y la experiencia cocinamos los vinos con el mismo patrón, de modo que el estilo del vino venga definido por su origen, el viñedo.Tenemos un enfoque enológico hedonista, intuitivo, de cata y placer a la hora de elaborar el vino. Todas las personas que amamos el vino, cuando abrimos una botella esperamos encontrar un líquido que nos despierte los sentidos, que nos llene la boca con energía. Por eso, todas las decisiones importantes, el rendimiento del prensado, el tiempo de maceración, el momento de sacar el vino de las barricas… se rigen por este criterio.
Cuando empezamos, no sabíamos, claro. Buscábamos la seguridad en términos únicamente de maduración de la fruta y el cuerpo del vino. Con el tiempo nos hemos dado cuenta de que lo que es realmente importante es la adaptación de la variedad al suelo y unos rendimientos por hectárea adecuados.Ahora, como el mañana no lo ha visto nadie, nos interesa la idea de tener mucho sabor en la boca con un cuerpo moderado. Para conseguirlo, no se añade nada externo al vino. En la bodega todas las fermentaciones son espontáneas. No clarificamos los vinos. En la mayoría de los casos tampoco se filtran. El tiempo en la bodega nos facilita este trabajo de una forma natural y gratuita.Nuestro ideal estético es obtener vinos con expresión precisa, donde la fruta y el terruño convivan de forma armónica.
LA GUARDA
AÑADAS VIEJAS
Desde el mismísimo principio, y esto no es muy habitual, todo sea dicho, hemos guardado nuestras añadas en la bodega. En primer término para tener memoria, para aprender de nuestro trabajo. El tiempo y la memoria son términos relativos y subjetivos, ya se sabe, y el vino con sus añadas correspondientes es un notario preciso de nuestra trayectoria, del tiempo que hizo, de quiénes éramos entonces y quiénes somos ahora. Se ha guardado vino también por la convicción, en forma de deseo en primera instancia, de que estábamos haciendo un buen trabajo y que los vinos envejecerían en personalidad y complejidad. Un reivindicarse a sí mismo, vaya, y definitivamente también, una necesaria valorización de la zona. Siempre nos han gustado los vinos con tiempo, donde ya no se habla de variedades. Ponemos la nariz y los degustamos. Y ya no decimos Xarel·lo o Sumoll. Decimos Penedès, este trozo de nuestra tierra que tanto amamos y el único lugar posible donde cultivar la tierra y elaborar nuestro vino.